
Tienes miedo y yo lo entiendo
nadie quiere que te vayas
pero sabemos que no puedes estar así.
Tranquila,
no te preocupes,
todo estará bien...
Muy pronto terminará todo esto.
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Isabel II
Me dejé caer sobre un mueble que no le molesto aquel impacto de mi cuerpo sobre el. Resople, pasé mi mano por mi frente, de sudar frío pasé a sentir calor.
- ¿Por qué no te da gusto verme?
- Porque tú no estás aquí. Tú estás sufriendo.
"¿Por qué serás tan tonto?. Sabes que me causa alegría de verte, de saber que no te haz ido. Pero al sentirme "feliz" me hace sentir a la vez triste, sé que tú no quieres volver a pisar este lugar...." Listo. Terminó mi conversación imaginaria y la conversación real. Pasé por su lado como si no lo hubiese estado ahí, como debería ser... no tenía que haber vuelto.
No me detuvo, no regresé la vista hacia atrás, pero sentía su mirada clavada sobre mi espalda, observando como me alejaba con rapidez hacia la habitación de mi hermana.
- Hola mami.-Cerré la puerta despacio, mi hermana estaba descansando.-¿Cómo está Lisset?
- Acaba de...- No era tan difícil notar mi semblante.-¿Qué pasa Johanna, estás bien? Estás muy... pálida...
- Podemos salir mami, tengo que hablar contigo.
- Claro, vamos.
Dejé mi mochila sobre el suelo y salí después de ella. Las preguntas se atropellaban en mi lengua, todas querían salir a la vez, mi mente logró organizarlas luego de algunos minutos, además ella sabía, tenía la respuesta correcta.
-¿Qué hace ellos otra vez aquí? Se fueron hace tres días. ¿Por qué? ¿Qué sucedió?
- Todas tus preguntas tendrán respuestas cuando la veas tú misma...
Arrastró las palabras con tristeza. Me tomó de la mano conduciéndome a la habitación de Isabel. La puerta blanca se abrió. Es increíble lo irónico que significaba abrirla, tenía que verse los rayos de sol entrar por la ventana irradiando alegría para que su salud mejorase...pero este no era el caso.
Pasó ella primero diciendo algunas palabras que no alcancé a oír. Las cortinas cerradas indicaba un ambiente de soledad, miedo. La habitación improvisada de cosas que aún no terminaban de desempacarse. Recorría la habitación antes de fijarla en el cuerpo de Isabel. El suero, el plasma y otras medicinas goteaban por un tubo y estos a su vez unidos a otros para llegar a su vena.
Su madre, la cual no recuerdo su nombre, estaba sentada al lado de la cama, extremo derecho, cerca de la mesa de noche. La luz de la lámpara que estaba sobre ella, iluminaba débilmente sus rostros.
La mano de mi madre se deslizó poco a poco de la mía. Mis piernas comenzaron a moverse en dirección a su cama sin que yo se las ordenara.
Isabel. Extendí mi mano para llegar a la de ella. Tenía miedo de tocarla, las agujas en su muñeca causaban un dolor que yo ya no recordaba, pero que al verlos parecía que las tenía puestas. Una aguja en cada brazo. Su respiración agitada, como quejándose en silencio del tormentoso dolor que le causaba el cáncer.
Una lágrima.
Sentí una gota caer por mi mejilla con lentitud. Verla así indefensa, sin fuerzas, poco a poco sin aliento. Dormía intentando escapar por su sueños de la realidad a la que tenía que sobrevivir, a la que debía sobrevivir... por su familia...
No pude más.
Volteé y no supe en que momento se fueron. No tenía fuerzas para correr, el camino hacia la puerta se me hizo inmensamente largo.
No me gustan las puertas blancas. Salí de ahí hiperventilando otra vez.
Alguien inesperado.
- ¿Johanna?
- Papá....
Lo abracé y no aguanté más. Descargué sobre mis lágrimas toda la impotencia que sentía, el dolor y sufrimiento que me causaba verla así. Mojé su hombro y parecía no importarle que mis lágrimas arruinaran su camisa.
- Calma... Todo estará bien...
- ¿Lo prometes?
- Sí.
Frotó mi espalda, consolándome como muchas veces lo hizo a lo largo de mi vida. Mis ojos lo sentí hinchados y aún con lágrimas que no me dejaban ver. Vislumbré a lo lejos la silueta de Juan Pablo, estaba igual que yo, con lágrimas en los ojos. Quería abrazarlo, pero no era el momento.
- Johanna, tienes que dormir.
(Este es el resultado de escuchar tanta música deprimente. Tendré que hacer III parte y ahí termina.)
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