18.10.09

I_M_Isabel ~ Memorias





Isabel



Intercambios de vida, ahora Isa habita en su compañera.
"Cada vez que veo a mi hija, veo a Isabel".

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Ya no quería volver a estar en ese lugar. Los días pasaban lentamente y con mucho enojo tuve que soportarlos. Contaba para que terminaran de una vez las cuatro semanas y dejar de ver tanto sufrimiento, dolor, angustia, desesperanza, temor, olvido entre la gente que habitaba allí.
Subía las escaleras con lentitud. Faltaban dieciocho escalones para llegar al segundo piso, y algunos cuantos pasos por el corredor para llegar a su habitación. Tomada del brazo de mi padre miraba las inmensas columnas de mármol desde abajo hacia arriba haciéndome sentir pequeña. Un miedo súbito hizo que bajase la mirada de repente, desde las paredes blancas de la clínica recorriendo rostros desconocidos, hasta sobre mis zapatillas negras, tenía los pasadores sucios y casi por desatarse.

~ Escalón 12:
- ¿Qué hace usted de nuevo aquí?.- Preguntó mi padre en voz alta para que la persona a la que se dirigía lo escuche, evidenciaba la sorpresa de verlo después de lo que sucedió. Yo seguía con la mirada sobre mis zapatillas negras. No quería ver hacia adelante.
- Disculpe debo ir a comprar medicinas.- Paso por mi lado derecho con rapidez. Las palabras que intercambiaron a pesar de ser pocas decían mucho más de lo que pesaba. Observé sus zapatillas deportivas, azules con blanco y detalles de color negro. Yo las conocía. Giré en el acto pero mi visión no lo alcanzó.
- No se preocupe.
No había más que decir.

Escalones 13, 14, 15, 16:
- ¿Ya no la habían dado de alta?-pregunté.
- Al parecer, están de regreso. ¿Qué habrá pasado?.
*Silencio.*

Mi mente comenzó a preguntarse por qué estaban otra vez ahí, las hipótesis surgían muy rápido y no podía pararlos. Esa familia que tenía una interna a lado de la habitación de mi hermana, estaba de regreso y yo desconocía el motivo, pero no pasó mucho tiempo para saberlo.
La convivencia hizo que mi familia y la suya nos conociéramos, hice un nuevo amigo en un lugar que nunca imaginé.

¿Por qué están aquí si ella estaba bien, por eso la dieron de alta.... no?. Miraba mis zapatillas, los pasadores se desataron.

Escalón 17:
- Anda subiendo- dijo interrumpiendo mis pensamientos, me detuve.- Seguro Irene aún no ha comido.... - comento para sí mismo.- ya regreso voy a comprarle algo..
- Pero...
- Ya regreso, sube.

Había ya soltado mi brazo, bajó las escaleras dirigiéndose a la cafetería. Me resigné a subir sola los escalones que faltaban y caminar aún por el pasadizo.

Escalón 18 y pasadizo.
Saludé al vigilante, tomó mis datos como siempre, puse mi mochila sobre la mesa para que la
revisara, aunque ya sabía que no era necesario pero él sólo cumplía con su trabajo y yo entendía.
- ¿Saldrá a la hora de siempre, o más temprano?.- Su rostro viejo, pero encantador por los años que habían pasado sobre él, sonrió dulcemente.
- Saldré a la misma hora de siempre, no se preocupe.- No pude sonreírle de la misma forma.
- Gracias.
- A usted.

Puse la mochila sobre mi espalda y camine por el corredor. Las losetas blancas, las puertas blancas, las luces blancas, las batas de los médicos y enfermeras....blancos.
Tenía que doblar a la derecha y llegaría a su habitación.
Me alejaba del escritorio arrastrando los pies.
Ahora comenzaban los pasos hacia el final.

¿Estará él ahí? ¿Qué estará pasando? ¿Cómo estarán todos? ¿Cómo se encontrará ella? ¿Por qué regresó? ¿Por qué otra vez? No es justo, ella merece vivir.

De repente el lugar tomó un ángulo extraño, inclinado...parecía que alguien llorase sobre mi realidad despintandola, mezclando los colores a una desequilibrante escala de grises.
Extendí mi brazo buscando alguien o algo que lo sostuviera o del cual apoyarme. Un muro se compadeció de mi situación, se encontró con mi mano y me acogió hasta que terminara de hiperventilar, recuperar el equilibrio. Pisar tierra.

A lo largo del corredor.

-¡Johanna!¡Johanna!
Alguien pronunció mi nombre. Su voz, la que supuestamente no iba a oír nunca más, produjo ecos en mi cabeza, mi corazón se detuvo, deje de respirar y mi estómago dio un vuelco produciéndome arcadas.
-¿Johanna? ¿Johanna, estás bien?
Cubrí mi boca y respiré con velocidad hasta calmarme.-¿Qué haces aquí?-. Milagrosamente recordé que sabía hablar.
-¿No te da gusto verme?
- No.

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