Me inspiré en "Ensayo sobre la Ceguera" mientras recordaba a Saramago y a su falta de señales de vida o.... interés (?)
Bueno, como sea...
Esto será lo último que escriba para él. En realidad, esto no es para él sino para el Saramago real.
A ver, siempre después de publicarlo termina por no gustarme.
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~ Pesadilla
El movimiento de su cuerpo entre las sábanas era casi imperceptible a su oído y, mientras giraba, su piel se escarapelaba hasta cuando se detuvo.
Suspiró. La nueva posición de su cuerpo era de costado, hacia el lado derecho de la cama y con el rostro hacia la ventana que estaba abierta de par en par, con las cortinas corridas hacia los extremos pero sin estar amarradas a la cuerda que debía hacerlo. La claridad de la mañana llenaba toda la habitación de una penumbra fresca, iluminando su rostro. Mientras pasaba los minutos el calor se volvió insoportable, girando para cubrirse con su propia sombra.
Extendió su brazo lentamente, aún tenía los ojos cerrados y con la pereza de cualquier cuerpo antes de levantarse.
El brazo se deslizó sobre la cama, hasta donde alcanzaba para buscar el cuerpo que a su lado debía de descansar. Palpó una, dos, tres, cuatro, cinco veces topándose con la suavidad del cobertor que confundió con la suavidad de ella.
Abrió los ojos alarmado y el cuerpo de ella estaba a unos cuantos centímetros de él . Extraño. El cuerpo de la mujer mostraba su espalda desnuda que el recorrió con la vista hasta un punto en el que la sábana le ocultaba la visión.
Una sonrisa de dibujo en su rostro y como acto seguido extendió las manos para retirar la tela y ver el resto del cuerpo.
- No veo.- Pensó. El miedo súbito se apoderó de su corazón causándole vértigo.
Abrió los ojos ya sentado sobre la cama. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis...
- No veo.- Susurró. - No veo, NO VEO!
Gritó desesperado, se levanto de la cama sin darse cuenta de que sus pies se enredaron entre las sábanas tropezando y cayendo estrepitosamente sobre una alfombra italiana. Comenzó a llorar a causa del dolor, parecía un niño desconsolado al cual se le había escapado su globo y corría tras el hasta que cayó.
Lloraba, sudaba frío y un hilo de sangre que salía de su nariz manchaba sus labios. Su paraíso lleno de color, se convirtió en un infierno de luz.
Se movía de un lado a otro. - Calma - Su mano izquierda fue apretada. -Calma, calma - Susurraba a su oído una voz dulce, arrulladora.
- Ha sido sólo una pesadilla...
Ha sido sólo una pesadilla, sólo una pesadilla, una pesadilla...
Las palabras taladraban su cabeza y el eco, zumbaba sus oídos.
Una pesadilla...
Su conciencia regresó a su cabeza. Uno, dos tres.- Contaba para abrir los ojos - Uno, dos, tres... - Tenía miedo. Ella se volvió sobre él y se acurrucó sobre su pecho.
El cosquilleo que produjo los cabellos de ella sobre su cuello abrieron sus ojos de golpe. Su ceguera blanca se volvió negra.
- Aún tengo los ojos cerrados .- Pensó, faltaban cuatro horas para que amaneciera.
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