Mi respuesta no fue inmediata e hice la que no había escuchado. Típico mecanismo de autodefensa.
Ante esa pregunta, mi mente comenzó a elaborar una serie de preguntas, una tras otras, sin esperar respuestas:
¿Qué hacer cuando ya no te manda alguna señal de interés?
¿Seguir insistiendo por alguna palabra?
¿Para qué insistir?
¿Masoquismo?
Tal vez, aún así, todo dentro de mí dio un vuelco cuando nombraron a mi Saramago. No supe que decir, tampoco supe ( y lo más seguro es que nunca lo sepa ) que expresión fue la que vio la persona que me preguntó.
En ese instante, antes de dar la respuesta puesto que no debía fingir que no había oído, mi cerebro comenzó a elaborar, de forma rápida, las circunstancias en las cuales se hubieran desenvuelto los actos.
Mi mente quiso ir al futuro...
Día: 27 de diciembre.
Lugar: Guardia Republicana.
Motivo: Fiesta de Egresadas.
Escuchar que se abre una puerta rápidamente del auto polarizado el cual mi padre, acompañado de mi madre, conducía; luego el sonido seco al cerrarse. Inesperadamente se abriría la mía dejando ver el rostro de mi pareja. Su mano extendida muy cerca de mis rostro para sujetarla y apoyarme en él para salir.
Caminar a lo largo de lo que resta de distancia de la entrada, hacia el salón. Llegar del brazo de él, nerviosa por todas las miradas de mis amigas, fijas sobre mi. El salón del local adornado para la ocasión. Bajar la mirada hacia mi orquída la cual me habría regalado y puesto minutos antes de entrar, que haría juego con el color de mi vestido y el color de su corbata. Tomarme fotos con él. Presentarme ante tanta gente, con él, seguido de la reacción de mi amiga por haberlo llevado, seguro disgustada. No haberle dado importancia sería la mejor opción.
Olvidarme por algunos minutos que existían más seres respirando aquel aroma que él emanaba sin poder evitar que se mezclaran con otros.
En ese instante, en el que me perdía en su mirada y no era consiente, el maestro de ceremonia interrumpiría mis pensamientos anunciando el baile que deben de dar todas las parejas en el centro del salón.
Deslizar mi mano por su pecho, sin tocarle, hasta llegar a su hombro. Sus manos, una sujetada a mi cintura y la otra acurrucando la que estaba en el aire, seguro temblando.
- Todo va a salir bien .- Murmuraría cerca a mi oreja. Su sonrisa me daría la confianza para moverme coordinadamente igual que la música, olvidar que algo podría salir mal.
Que todo saldría.....¿bien?...
*Regreso vertiginoso a la realidad.*
- Responde, ¿Aún te hablas con él.?.- Sin poder alargar más mi sueño despierto, Contesté:
-No.
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