18.4.10

A_Adiós

Nos despedimos en una de las esquinas del Once. Desde la otra vereda volví a mirar, usted se había dado vuelta y me dijo adiós con la mano...
Un río de vehículos y de gente corría entre nosotros, eran las cinco de una tarde cualquiera, cómo iba yo a saber que aquel río era el triste Aqueronte, el insuperable.
Ya no nos vimos y un año después usted había muerto.
Y ahora yo busco esa memoria y la miro y pienso que era falsa y que detrás de la despedida trivial estaba la separación.
Anoche no salí a comer y releí, para comprender estas cosas, la última enseñanza que Platón pone en boca de su maestro. Leí que el alma puede huir cuando muere la carne.
Y ahora no sé si la verdad está en la aciaga interpretación ulterior o en la despedida inocente.
Porque si no mueren las almas, están bien que en sus despedidas no hayan énfasis.
Decirse adiós es negar la separación, es deicr: Hoy jugamos a separarnos pero nos vemos mañana. Los hombres inventaron el adiós porque saben de algún modo inmortales, aunque se juzguen contingentes y efímeros.
Delia: alguna vez anudaremos ¿junto a qué río? este diálogo incierto y nos preguntaremos si alguna vez, en la ciudad que se perdía en la llanura, fuimos Borges y Delia.


Jorge Luis Borges.

La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.

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