7.7.10

A_Amor

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Pero el amor, esa palabra...temerosos de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la cuidad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos lo pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llama a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar ese salto.[...] Me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero.[...]

Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado los dientes en la mesa de luz. Stop, ya está bien así. [...] ¿Por qué stop? por miedo a empezar las fabricaciones, son tan fáciles.. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, y resulta que te quiero.
Total parcial: te quiero. Total general: te amo.
Así viven muchos amigos míos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si pudiesen elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. [...]

Ella salió de la librería (recién me doy cuenta de que era como una metáfora, ella saliendo nada más que de una librería) y cambiamos dos palabras y nos fuimos a tomar una copa de pelure d' oignon a un café de Sèrvres-Babylone. Y así Sèrvres se fue con Babylone a tomar, y nos mirábamos y yo creo que ya empezábamos a desearnos, y sobrevino un diálogo memorable[...]París danzaba afuera esperándonos, apenas habíamos desembarcado, apenas vivíamos, todo estaba ahí sin nombre y sin historia. [...]
Al despedirnos éramos como dos chicos que se habían hecho estrepitosamente amigos en una fiesta de cumpleaños y siguen mirándose mientras los padres los tiran de una mano y los arrastran, y es un dolor dulce y una esperanza, y se sabe que uno se llama Tony y la otra Lulú, y bsata para que el corazón sea como una frutilla, y...
Sèvres, Sèvres.
Merde, alors. ¿Por qué no? Hablo entonces, de Sèvres-Babylone, no de este balance elegíaco en que ya sabemos que el juego está jugado.


Julio Cortázar.


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