Yo lo quise, y a veces él también me quería.
Hace tanto tiempo que no sentía una ligera opresión sobre sus labios, que se le escapara el aire y luchar para que un poco llegue a sus pulmones. No quiso pero sólo se dejó llevar por lo que estaba sintiendo y su cabeza en este caso tenía razón de querer huir por miedo. Tarde fue cuando se dio cuenta.
Dividida.
Parecía que no tenía que hacerlo, que no podía hacerlo, que no debía hacerlo; pero quería hacerlo.
Y sonrió demasiado. No se daba cuenta que todo era una especie de mentira. Y es increíble como todo se convierte en una pesadilla.
Si o no. Todo o nada. Negro o blanco.
¿Por qué siempre los extremos?
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