De modo que esa era la última vez en que hablaríamos sin máscaras, sin perjuicios y sin miedos. Nos dijimos adiós sin comprender por qué lo hacíamos, si queríamos o sólo era un deber...pero jugando a vernos luego. Ambos sabíamos de ante mano que nada volvería a ser como antes, las cosas cambiarían al empezar el último mes de invierno... combinado con un poco de luz intermitente y lluvias torrenciales. Dejaríamos de mirarnos sin escarbar rápidamente el alma del otro, sin sonreír, sin sentir. Ahora no hablamos, evitando el contacto y sin cruzar mirada alguna, cambiando las canciones que hacían recordar momentos en el que veíamos el amanecer aparecer por nuestras ventanas, lejos, creyéndonos Van Gogh.
Todo vacío.
Lo que había sido, no fue y no será; se quedaría suspendido en el tiempo y en la mente para recordar constantemente que no se debe entregar el corazón al primero que te habla de amor entre lineas...para descifrar o adivinar....siempre con la duda de si es real.
Quien diría que ahora somos dos completos extraños caminando en direcciones opuestas.
1 comentario:
Ah, a veces siento que leo un espejo... me pasa lo mismo!
Pero vamos! que los extraños también se vuelven a conocer!
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