14.4.11

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Él apretó los labios, y ella sonrió con tristeza.

«Por supuesto que es eso, no esperes otra cosa» pensó con tristeza, eliminando cualquier esperanza que hubiese albergado con anterioridad.

—En fin, no sé qué más hago aquí. Estoy mejor sin ti.

—Claro que no. Tú no sabes vivir sin que otra persona te cobije, estúpida. ¿Qué piensas que harás cuando salgas por esa puerta?

—Algo que no he conseguido a tu lado: respirar y caminar.

Y, con esas palabras golpeando con saña a su contrario, abandonó la habitación sin mirar atrás.


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