Muy perfecto para ser real. Pero hoy, todo se vale.
~ Sueño
[...]Me suelta el brazo y me agarra el pelo. Eso debe ser: me va a rebanar la garganta. Me preparo para el corte del cuchillo.Pero la mano sobre mi cuello se afloja y sus dedos rebuscan sobre mi nuca, ásperos y cálidos al tacto.
-Imposible- musita.
algo impacta en el suelo con un golpe sordo. ¿Ha soltado el cuchillo? Intento pensar en alguna forma de escapar de él.
Me gira repentinamente. Hay un clic y una luz me ciega el ojo izquierdo. Jadeo y estomáticamente me vuelvo para alejarme de ella. Su mano se aferra a mi pelo y la luz se desliza al ojo derecho.
-No lo puedo creer- Susurra él.
-Todavía eres humana.
Sus manos se afianzaron a ambos lados de mi rostro y antes de que pueda apartarme, sus labios se posan con fuerza sobre los míos. Me quedo helada durante un segundo. Nadie me ha besado en la vida. No con un beso de verdad. Hace mucho tiempo, y apenas los piquitos de mis padres en las mejillas y en la frente. Creía que era algo que jamás llegaría a experimentar. Aunque tampoco estoy segura de lo que siento realmente. Hay demasiado pánico, demasiado terror, demasiada adrenalina.
Alzo la rodilla y la proyecto con fuerza. Él lanza un grito ahogado y resuella con dificultad: estoy libre. Me deslizo bajo su brazo y salto a través de las puertas abiertas. Creo que puedo superarlo en la carrera. [...]Mantengo los ojos fijos en la arena y el acero. Mi padre solía decir que corría como un guepardo. Era la más rápida de mi equipo de atletismo y fui campeona estatal, justo antes de que se acabara el mundo.
[...]
-¡Espera! - Aulla él- ¡No soy uno de ellos!
[...]
-¡Siento haberte besado! ¡Ha sido una estupidez! ¡Es que he estado solo demasiado tiempo!
Su voz me sorprende: está demasiado cerca.[...] Nadie me ha ganado nunca en carrera, así que esfuerzo el ritmo. Escucho como resopla al acelerar también. Algo grande choca contra mi espalda y me derriba. Pruebo el sabor del polvo y me inmoviliza una cosa tan pesada que apenas si logro respirar.
-Espera un minuto- resuella molesto.
[...]
-¡Mira, mira mira!- me dice. Saca un pequeño cilindro del bolsillo trasero y gira la parte superior. Del extremo surge un rayo luminoso enfocando sus ojos: siena líquido y claro a la luz, brilla con un reflejo auténticamente humano.
-¿Lo ves? ¿Lo ves? Soy como tú.
-Dejame ver tu cuello -. La sospecha desborda mi voz. No me iba a tragar lo que no era más que una triquiñela. Ya no hay esperanza.
Tuerce los labios
-Bien... Eso no sirve para nada. ¿No te bastan los ojos? Sabes que no soy uno de ellos
-Pero ¿Por qué no me muestras el cuello?
-Porque ahí tengo una cicatriz- admite.
Otra vez intento escabullirme por debajo de él y me sujeta el hombro con su mano.
-Me la hice yo mismo-explica-. Creo que el trabajo fue bastante bueno, aunque me dolió como mil demonios. Yo no tengo todo ese pelo precioso tuyo para cubrirme el cuello. La cicatriz me sirve para mezclarme entre ellos.
-Quítame las manos de encima.
Él vacila y en un solo movimiento se pone en pie, sin necesidad de usar las manos. Me ofrece una mano con la palma hacia arriba.
-Por favor no huyas. Y, mmm, preferiría que tampoco me dieras otra patada.
No me muevo. Sé que puede atraparme de nuevo si trato de huir.
-¿Quién eres?-susurré.
Dibuja una sonrisa.- Mi nombre es Jared Howe. No he hablado con otro ser humano desde hace más de dos años, así que seguramente esto te debe parecer... de locos. Por favor, perdona. Y dime tu nombre, te lo ruego.
-Melanie-susurro
-Melanie-repite él-. No sabes lo feliz que estoy de haberte encontrado.
Aprieto la bolsa con fuerza contra mi pecho, sin dejar de mirarlo ni un momento. Él alarga la mano lentamente hacia mí y la tomó. No es hasta que veo mi mano cerrarse voluntariamente alrededor de la suya cuando me doy cuenta de que le creo.
-¿Y qué hacemos ahora?-pregunto con cautela.
-Bueno, no podemos quedarnos aquí por mucho tiempo. ¿Quieres volver conmigo a la casa? He dejado allí mi mochila. Me golpeaste contra el refigerador.
Sacudo la cabeza. Parece darse cuenta de lo precario de mi estado de ánimo, de lo cerca que estoy de hundirme.
-Entonces, ¿me esperas aquí?-me pregunta con voz gentil- Seré rápido y traeré un poco más de comida para los dos.
-¿Nosotros?
-¿Realmente crees que voy a dejarte desaparecer? Te seguiré aunque me digas que no.
Pero yo no quería desaparecer.
-Yo...¿Por qué no iba a confiar totalmente en otro ser humano? Somos una familia, ambos somos parte de una hermandad en extinción.
-No tengo tiempo. Tengo que irme ya y...Jaime me espera.
Él comprende -No estás sola-. Por vez primera su expresión refleja incertidumbre.
-Es mi hermano. Sólo tiene nueve años y se asusta mucho cuando me alejo. Me va a llevar la mitad de la noche llegar hasta donde está. No sabe si me han capturado. Y tiene tanta hambre- como para corroborar mi afirmación, mi estómago gruñe estruendosamente.
La sonrisa de Jared ha vuelto; más luminosa que antes.
-¿Te serviría si te llevo en coche?
-¿En coche?-repito.
-Hagamos un trato. Espérame aquí mientras reuno más comida y te llevaré en mi jeep a donde tú quieras. Es más que ir corriendo, aunque seas tú la que corre.
-¿Tienes un coche?
-Claro, ¿crees que he llegado hasta aquí caminando?
Pienso en las seis horas que me llevó caminar hasta aquí y se me caen las alas del corazón.
-Regresaremos con tu hermano en un santiamén -promete-. No te muevas de aquí, ¿de acuerdo?.
Asiento.
-Y come algo, por favor. No quiero que tu estómago nos delate- sonríe entrecerrando los ojos, alrededor de cuyos bordes se forman una red de arruguitas. Mi corazón da un fuerte latido y sé que lo esperaré aunque me lleve toda la noche.
Aún me estrecha la mano. La suelta despacio, sin que sus ojos pierdan de vista los míos. Da un paso hacia atrás y de detiene.
-Y por favor, no me patees -. Suplica, mientras se inclina hacia delante y me toma la barbilla. Me besa de nuevo y esta vez sí lo siento. Sus labios son más suaves que sus manos, y caídos, incluso en la noche tibia del desierto. Una parvada de mariposas se arremolina en mi estómago y me quita el aliento. Mis manos se alzan hacia él de forma instintiva. Tanteo la piel cálida de su mejilla y el hirsuto pelo de su cuello. Mis dedos rozan una línea de piel rugosa, un borde abultado justo bajo la línea de crecimiento del pelo.
Grité.
~ Huésped.
No pondré lo que sigue porque sería una maldad hacerlo.
No pondré lo que sigue porque sería una maldad hacerlo.
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